sábado, 15 de mayo de 2021

Jorge Bucay

 



Un hombre entra en una zapatería, y un amable vendedor se le acerca:


- ¿En qué puedo servirle, señor?

- Quisiera un par de zapatos negros como los del escaparate.

- Cómo no, señor. Veamos: el número que busca debe ser... el cuarenta y uno. ¿Verdad?

- No. Quiero un treinta y nueve, por favor.

- Disculpe, señor. Hace veinte años que trabajo en esto y su número debe ser un cuarenta y uno. Quizás un cuarenta, pero no un treinta y nueve.

- Un treinta y nueve, por favor.

- Disculpe, ¿me permite que le mida el pie?

- Mida lo que quiera, pero yo quiero un par de zapatos del treinta y nueve.


El vendedor saca del cajón ese extraño aparato que usan los vendedores de zapatos para medir pies y, con satisfacción, proclama «¿Lo ve? Lo que yo decía: ¡un cuarenta y uno!».


- Dígame: ¿quién va a pagar los zapatos, usted o yo?

- Usted.

- Bien. Entonces, ¿me trae un treinta y nueve?


El vendedor, entre resignado y sorprendido, va a buscar el par de zapatos del número treinta y nueve. Por el camino se da cuenta de lo que ocurre: los zapatos no son para el hombre, sino que seguramente son para hacer un regalo.


- Señor, aquí los tiene: del treinta y nueve, y negros.

- ¿Me da un calzador?

- ¿Se los va a poner?

- Sí, claro.

- ¿Son para usted?

- ¡Sí! ¿Me trae un calzador?


El calzador es imprescindible para conseguir que ese pie entre en ese zapato. Después de varios intentos y de ridículas posiciones, el cliente consigue meter todo el pie dentro del zapato.


Entre ayes y gruñidos camina algunos pasos sobre la alfombra, con creciente dificultad.


- Está bien. Me los llevo.


Al vendedor le duelen sus propios pies sólo de imaginar los dedos del cliente aplastados dentro de los zapatos del treinta y nueve.


- ¿Se los envuelvo?

- No, gracias. Me los llevo puestos.


El cliente sale de la tienda y camina, como puede, las tres manzanas que le separan de su trabajo. Trabaja como cajero en un banco.


A las cuatro de la tarde, después de haber pasado más de seis horas de pie dentro de esos zapatos, su cara está desencajada, tiene los ojos enrojecidos y las lágrimas caen copiosamente de sus ojos.


Su compañero de la caja de al lado lo ha estado observando toda la tarde y está preocupado por él.


- ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal?

- No. Son los zapatos.

- ¿Qué les pasa a los zapatos?

- Me aprietan.

- ¿Qué les ha pasado? ¿Se han mojado?

- No. Son dos números más pequeños que mi pie.

- ¿De quién son?

- Míos.

- No te entiendo. ¿No te duelen los pies?

- Me están matando, los pies.

- ¿Y entonces?

- Te explico -dice, tragando saliva-. Yo no vivo una vida de grandes satisfacciones. En realidad, en los últimos tiempos, tengo muy pocos momentos agradables.

- ¿Y?

- Me estoy matando con estos zapatos. Sufro terriblemente, es cierto... Pero, dentro de unas horas, cuando llegue a mi casa y me los quite, ¿imaginas el placer que sentiré? ¡Qué placer, tío! ¡Qué placer!


Asoooo que loco xoxo  obviamente este cuento se puede ver de perspectivas diferentes, quedándonos con la idea de que el hombre es un triste infeliz que no sabe disfrutar de lo que es la vida, de las pequeñas cosas que podrían ser la razón de que fuera un poco más feliz si apreciamos las cosas que a primera vista parecen insignificantes pero que, en realidad son muy importantes, que se aferra a lo único que puede darle placer en la vida como quitarse unos zapatos que le hacen daño, o  el tipo no sabe disfrutar de la vida, es un hombre que cree sentirse libre, satisfecho y feliz cuando llega a su casa y se quita los zapatos, pero la vida es mucho más que eso! Creo que en vez de sufrir en un largo y duro día de trabajo en el banco, y además con un par de zapatos que solo le incomodan los pies, debería saber encontrar la manera de ser feliz en todo momento, no solo cuando llegue a su casa. En vez de comprarse unos zapatos pequeños y martirizarse de dolor, comprarse de su talla y disfrutar de ellos y poder decir "tengo zapatos nuevos" y ser feliz con cosas tan pequeñas como esa. Porque la felicidad no está cuando te quitas los zapatos, sino en saber disfrutar de el camino con ellos puestos, bueno eso pienso xoxo, mil gracias bellos amigos por sus apreciables visitas, buen fin de semana y a recargar la pila para una nueva semana de muchos éxitos, de nuevo mil gracias por estar, con mucho cariño su amiga mexicana_____Kimera







Upsssss

Jajajajajaja me recordó cuando hacíamos exámenes 
Asooooo
Jajajaja y siiii
Asooo así quedan marcados los brazos😂








No hay comentarios: